
El texto relaciona la obra de Lydia Blakeley con la tradición del arte pop, especialmente con Pauline Boty. La autora compara su análisis con la mirada de Ali Smith a través del personaje Elisabeth Demand. Destaca cómo Blakeley retoma estrategias visuales presentes en las obras de Boty, como los collages, las imágenes de celebridades, el glamour y la cultura popular, para construir un lenguaje artístico propio y contemporáneo.